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5/2/13

En momentos de temor…

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En ocasiones al levantarme siento ese vértigo que no me deja respirar, me marea y me da nauseas 
el hecho de pensarte… 
Inicio el día recordando el momento en que me dejaste, que hice te pregunte y tu solo movías la cabeza en forma de negación pero tu boca no se escuchaba y mi corazón acelerado buscando paz. 

Saliste de la casa te llevaste al perro, el perro que me regalaste!!! Es mío te mencione mas solo azotaste la puerta. Cuando llegaste al coche mire que volteaste y agachada encendiste el auto salí hasta la media calle con las manos en el aire y me deje caer en rodillas… 

Que pesadilla, me digo cada día y de repente me pongo a llorar. Abro la regadera agua hirviendo siente mi cuerpo para quitarme el frio de tu ausencia, me visto por inercia y me veo sentado en la computadora del trabajo; como vas amigo me preguntan???, bien bien  hay voy respondo desde hace tres meses lo mismo pero mi cara les dice la verdad, la barba que me cargo no es casualidad. 

Mi madre amenaza con venir, pero siempre le digo que estas ocupada que mejor después la atenderemos no me atrevo a confesar que me dejaste y el día que te fuiste en el momento que chocaste me arrebataste la oportunidad de seguir, si ese día no hubieras muerto ciertamente creo 
que hubieras regresado tal vez nos hubiéramos arreglado… 

Por eso me gusta hablar contigo aunque sea a lado de tu tumba, me dejaste triste y enojado. 
Como te reclamo y no me escuchas, no contestas. 
Como puedo gritarte mi dolor y decirte lo mucho que te Amo, que te llevaste parte de mi 
que tú me habías dado. 

No consigo olvidarme de ti durante el día, obsesión te has convertido creo que me hablas a través 
del viento o de comentarios de las personas que me rodean como puedo hacer para vivir sin ti 
como consigo hacerte a un lado y seguir. 

Respiro hondo los más profundo posible para que el dolor pase mañana de nuevo inicio 
El día intentando olvidar lo inolvidable…

7/9/10

Adiós Germán

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La noticia de tu muerte me llenó de tristeza. Sabíamos un poco de la enfermedad que te aquejaba, y aunque grave y mortal, confiábamos que el buen Dios te dejaría llegar a finales del año según el pronóstico de los galenos y de tu acostumbrado optimismo. Tu partida nos ha dejado un vacío tremendo. Primero con la despedida del hombre con la carcajada de gato, el querido Monsi. Y ahora tú, Germán, pareciera como que pretendiste seguirle los pasos sólo para saber si allá es más divertida la vida.

No diré lo que todos tus fieles lectores, tus amigos, ya dijeron sobre ti: que tu aportación al mundo de la cultura; que tu columna hogareña y chabocha; que tu amor por los libros y la pasión por los Pumas (que perfectamente sabemos que era la manera más pura y sincera de agradecer a la escuela que te forjó). Siempre que había oportunidad leía tus jaripeos mi querido Charro Negro, y cada vez que en televisión observaba tu presencia cual poderosos imán me quedaba, “esperando ver lo que dirías”. Tu ausencia ya se nota: Ya nadie le preguntará a Montiel cómo durmió.

Me gustaba tu estilo divertido, franco y en ratos irreverente. La devoción que a tu padre profesabas y que te enseñó, para la gloria de muchos que sienten en sus espaldas el peso justiciero de sostener la República que todo, aún lo más grave y solemne logra calmarse con alguna tarugada. De ti hemos aprendido mucho: que todo, absolutamente todo, puede verse con la desmedida alegría que la vida en su seriedad nos abruma. Pero dime, Germán, ¿cómo pensabas, que rompiendo el frío protocolo que esos memorialistas han impuesto declamando el sobado “Nocturno a Rosario” de Manuel Acuña a ritmo de cumbia no habrías ganado para la gloria de todos los que nos divertimos una sonora carcajada?

Me gustaban tus frases y tus recuerdos. Cuando platicabas que tu padre, uno de los primeros adeptos y por ende fundadores del extinto Partido Comunista Mexicano, y tu madre, tu santa madre que veía en cada dolor el rostro de Dios. Te atreviste a abrirnos tu álbum familiar, donde observamos a tus tías sentadas en la sala mientras recordaban con acento a lo Porfirio Díaz los buenos tiempos de la decencia.

Mientras unos escritores e intelectuales se perdían en la hondonada de hablar sobre la economía y el efecto Borges en la literatura post-moderna, tú preferías hablarnos del esfuerzo que es escribir un domingo en la mañana. No puedo, por más que lo intente, imaginarte enfundado en un apretado traje de solemnidad y apariencias superpuestas. Quizá porque tú sí entendiste desde joven de qué se trataba la vida, y claro, que no hay otra cosa más grave y más importante que jugar. Porque de eso se arma la vida, de juegos. Ya sean florales, juveniles, impúdicos, decentes, abstractos o impensables.

Tu partida me ha dolido, en verdad que duele. Pero sabes algo, Germán, me duele más el saber que tu pluma, fina, irónica, mordaz, y hasta chanzonera ya no verterá más cápsulas de sarcasmo y de preguntas y demandas sociales que siempre tuviste como propias. ¡Eso es!, tú eras una de las voces que clamaban en el desierto pidiendo agua para el sediento. Las muertas de Juárez, tus muertas, las de todos nosotros que siguen apareciendo casi sin importarle ya a nadie. Fue en esas reflexiones que comprendí que el pronombre personal más valioso, el de más peso era el “Nosotros” pues en el, cabemos todos: Tú, yo, él, ella, ustedes, ellos.

Samuel Gómez Luna Cortés

16/4/10

El sapo es todo corazón (Arreola)

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Se sustenta que: “el hombre es un animal de costumbres”. Al margen de la implicación que entendemos a simple vista. Es común que a lo largo de la historia, y no sólo de las letras, como usualmente se quiere ver, encontremos alegóricos tintes a la naturaleza humana y bestial. Desde las fábulas de Esopo, pasando por algunos modernistas, la comparación en el actuar del hombre con el comportamiento de las bestias ha sido referente innegable a mostrar debilidades u honorables comportamientos. “Eres trabajador cual hormiga”, “fiel como perro guardián”, “hablas tanto que simulas un loro”. Quizá por esa esencia de naturaleza bruta que el hombre lleva pegado al alma, casi en el corazón, arriba del diafragma. Los fabulistas y cuentistas han dejado su esencia en unas memorables páginas.

Como ya lo he dicho, una de las plumas más festivas y con gran estilo que me siento su discípulo tardío, ha sido la del maestro Juan José Arreola. Y precisamente para este saltimbanqui de las letras que es en la metáfora de su “Bestiario” donde nos deja profunda huella y material suficiente para detenernos a pastar por sus hojas.

Pasando por el elefante, la boa, felinos y hasta reptiles, nos muestra Juan José Arreola la posibilidad de la diversión en un sesudo comparativo con el humano. ¿No me cree? Mírelo con sus propios ojos:

“Salta de vez en cuando, sólo para comprobar su radical estático. El salto tiene algo de latido: viéndolo bien, el sapo es todo corazón”.

O también detengámonos en el imponente ariete, ese falaz rinoceronte, que de tan corto de vista decide ceder su natural monstruoso ante los encantos de la dama:

“Vencido por una virgen prudente, el rinoceronte carnal se transfigura, abandona su empuje y se agacela, se acierva y se arrodilla. Y el cuerno obtuso de agresión masculina se vuelve ante la doncella una esbelta endecha de marfil”.

Pero no es el único ejemplo que cuadra con personajes, como una muestra de los párrafos favoritos que guardo celosamente, y en ratos repito cual salmodia está el pasaje del hipopótamo:

“Jubilado por la naturaleza y a falta de pantano a su medida, el hipopótamo se sumerge en el hastío.

Potentado biológico, ya no tiene qué hacer junto al pájaro, la flor y la gacela. Se aburre enormemente y se queda dormido a la orilla de su charco, como un borracho junto a la copa vacía, envuelto en su capote colosal”.

Y los ejemplos continúan, pero de nada nos sirve transcribir lo que otro, con mente de juglar, nos dejó para gloria de los ilustres animales que han caído en los vicios humanos.

Antes de dar por concluida esta breve columna, lo dejo con un pasaje sobre las “aves de rapiña” y deténgase a observar con especial atención cómo esos plumíferos pasan las horas en casi contemplación ascética:

“Todos, halcones, águilas o buitres, repasan como frailes silenciosos su libro de horas aburridas, mientras la rutina de cada día miserable les puebla el escenario de deyecciones y de vísceras blandas: triste manjar para sus picos desgarradores”.

¡Hasta la próxima!

Samuel Gómez Luna Cortés

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